La música: “The hawk” de Mark Isham

No es usual que una canción versionada coincida prácticamente en el tiempo con la original e incluso la supere en popularidad, pero ha pasado.

James Taylor, por ejemplo, consiguió el Grammy al mejor cantante pop de 1971 por su adaptación de “You’ve got a friend”, que Carole King había grabado ese mismo año para su álbum Tapestry. “Blame it on the boogie”, el éxito más pegadizo y bailable de los Jacksons (sí, ese quinteto de hermanos con hongos nucleares por cabezas donde destacaba un chiquillo de voz prodigiosa llamado Michael), se codeó en las listas de éxitos consigo misma, ahora interpretada por uno de sus autores, el británico Michael George Jackson-Clarke, que por una asombrosa coincidencia usaba “Mick Jackson” como nombre artístico pero nada tenía que ver con los anteriores.


Lo realmente insólito es que la versión se adelante por unos meses a la original y encima le dé mil vueltas.

Trouble in mind (rebautizada en España como Inquietudes) es una película de Alan Rudolph estrenada a finales de 1985. Rudolph es un director de culto que alumbró en los ochenta un puñado de obras magistrales hoy bastante olvidadas, quizás porque su estrella creativa declinó muy pronto. Son un cóctel de lo mas curioso de comedia, thriller y sobre todo romance, con una estética muy de la época y llenas de personajes extravagantes y con frecuencia adorables; películas tras las que salía uno del cine con un estado de ánimo excelente y una repelente sonrisilla de cinéfilo en plan “y la sala casi vacía, mira que es lela la gente…”.

Sí, ese quinteto de hermanos con hongos nucleares por cabezas donde destacaba un chiquillo de voz prodigiosa llamado Michael

“The hawk” es la canción que pone el broche de oro a Trouble in mind. Aunque la banda sonora de la película fue escrita por Mark Isham, este tema en particular lleva la firma de Kris Kristofferson, músico y actor de cierto pedigrí que aquí está bastante bien en su papel de John Hawkins, o Hawk, un expoli y exconvicto presuntamente duro lejos de su mejor forma. Pocos meses después del estreno de la cinta Kristofferson publicó un álbum titulado Repossessed donde aparece la canción con su título original —curiosamente en castellano— “El gavilan” y en su genuino, que en este caso equivale a genérico y sin el menor interés, formato de balada country.


Mark Isham desbroza a fondo el material de Kristofferson, mezcla trompeta y sintetizador con su acostumbrada elegancia (no por nada era entonces uno de los estandartes de Windham Hill Records, la discográfica que tanto tuvo que ver con el boom de la música new age a finales de los ochenta) y, todo hay que decirlo, se beneficia de la tremenda presencia de Marianne Faithfull, que de musa-pop-de-voz-angelical de los sesenta había pasado, vía un matrimonio de lo más nocivo con Mick Jagger, a arrastrarse por las calles de Londres presa de todo tipo de adicciones. En 1985 aún seguía en el fondo del pozo, y ello confiere a su timbre un dramatismo y sinceridad que compensan sobradamente el visible deterioro que ya habían sufrido sus cuerdas vocales.

Isham se ha labrado con los años una robusta reputación de compositor de bandas sonoras (más de cien lleva a sus espaldas), y si no goza de la fama de colegas acaso más grandilocuentes no es precisamente por falta de calidad. Cuando me pongo a ver una película suelo fijarme en quién está a cargo de la música, a ver si hay suerte y es Mark Isham: siempre da gusto empezar con buen pie.

The hawk / Mark Isham  letra y traducción

Más canciones redondas de Mark Isham:

Desde mediados de los noventa le perdido bastante la pista, así que no puedo valorar con fundamento qué derroteros artísticos ha seguido, pero a la vista de “The hawk” y lo que viene a continuación la búsqueda promete:

  • Trouble in mind. La película se abre con la canción del mismo nombre, un blues de los años veinte de Richard M. Jones. Nadie lo diría al escuchar esta irreconocible e impresionante versión, un nuevo tête à tête de Isham y Faithfull para los que se hayan quedado con mono tras la canción anterior.
  • Parlez-moi d’amour. Esta es una célebre canción escrita por Jean Lenoir en 1930 y popularizada poco después por Lucienne Boyer, intérprete muy en boga en la Francia de entreguerras. Isham la eligió como piedra angular de su banda sonora para otra película de Rudolph, Los modernos, ambientada en París por esa época. La venerable versión de la Boyer se escucha en un cierto momento del filme, pero la manera en que Isham recrea la melodía en los créditos finales y violín, contrabajo, marimba y trompeta arropan a la voz, masculina en este caso (Charlélie Couture), pone los pelos de punta. Por si fuera poco, como perfectamente explota Couture, escrita en la lengua inventada ex profeso para hablar de amor.
  • A really good cloak. Uno de los cortes de la banda sonora de Crash, la película de Paul Haggis que arrasó en 2005. Es el que sirve de fondo a la escena sin duda más impactante, esa en la que amenazan con una pistola a uno de los personajes y su hija pequeña sale a abrazarlo para protegerlo con un manto mágico. No os cuento cómo acaba para no fastidiar a los que no la hayan visto, pero es de las que le ponen un nudo en la garganta hasta al marinero más rocoso.

El ajedrez: estudio de J. Hašek, Národní Listy 1951

Josef Hašek (1897-1976) fue un talentoso maestro checo que, además del ajedrez, adoraba el vino y la meteorología. Compuso cerca de 300 estudios que le han hecho acreedor al sobrenombre “el rey de la claustrofobia”, por ejemplo por joyas como la que hoy os traigo.


El estudio implementa una de las reglas más peculiares del ajedrez, las tablas por rey ahogado, que se producen cuando un bando, sin estar su rey en jaque, carece de movimiento legal alguno, es decir, cualquiera de sus posibles movimientos permitiría la captura de su rey en la jugada siguiente.

Una minucia técnica para lectores hardcore: en la versión original del estudio la torre se sitúa en b1 en lugar de a1. La composición de Hašek se supone perfectamente correcta, pero el caso es que he pasado horas (bien pertrechado informáticamente) tratando de encontrar, sin éxito, una victoria para el negro si el caballo blanco mueve a d7 en la primera jugada. Con la torre en a1 la magia permanece intacta y nos evitamos correr riesgos innecesarios.

Estudio de J. Hašek, Národní Listy 1951