Ibidon, una compañía que por lo visto subsiste procesando información ¿útil? obtenida a partir de ingentes datos lingüísticos, reveló no hace mucho que, exceptuando unos pocos conectores y pronombres, “love” es la palabra que se usa con más frecuencia en los títulos de las canciones. Vaya novedad: si tiras por elevación y admites como “canción de amor” cualquiera que lo trate en sus multiples variantes (amor romántico, carnal, platónico, prohibido, perseguido, maternal, filial, a la vida, a Jesucristo, a la Patria, a tu equipo de fútbol, a tu mascota, al arroz con leche o a tu cuenta corriente) y contravariantes (ruptura, desengaño, abandono, soledad, ira, odio, celos, locura…), lo difícil es encontrar alguna que hable de otra cosa. De los efectos del viaje relativista, por ejemplo, ahora que está tan de moda gracias a la última película de Christopher Nolan.

El éxito mundial y morrocotudo de Queen es uno de los sucesos más indignantes de la historia del rock

Conviene subrayar que, a diferencia de tantas barrabasadas del guión de Interstellar, eso de que el tiempo pasa más despacio cuando se viaja a velocidades cuasi lumínicas es un hecho científicamente demostrado. Imaginad a dos gemelos; mientras uno aguarda en tierra todo el rato, el otro sube a una nave espacial casi tan rápida como la luz, se da un garbeo por la galaxia y vuelve a casa. Pues bien, cuando el astronauta vaya a enseñarle sus fotos al mellizo se lo encontrará arrugado como una pasa. Lo más bestial de todo es que si hubiera sendos monitores en nave y planeta para que pudieran contemplarse el uno al otro, ambos percibirían, conforme el cohete se aleja, que es el hermano el que envejece más despacio. No deja de ser un tema con su gracia para una canción, aunque pretender que un grupo de rock al uso caiga en la cuenta es como darle un pañuelo a un caracol para ver si se suena. De hecho no conozco más que una excepción, “’39″ de Queen, pero tiene truco porque su autor, el guitarrista Brian May, estudió Astrofísica en la universidad (el tío se ha llegado incluso a doctorar). Claro que, ahora que lo pienso, que un rockero con pasta para ahogarse esté doctorado en ciencias duras es todavía más difícil de creer que lo de los gemelos.


El éxito mundial y morrocotudo de Queen es uno de los sucesos más indignantes de la historia del rock. No porque no lo merecieran, sino porque para lograrlo tuvieron que bajarse los pantalones ante el gran público estadounidense, cuyo criterio musical, como es de sobra sabido, no rebasa en mucho al del citado caracol. Por suerte, antes de enardecer a las masas con hits tan reprensibles como “Radio Ga Ga” o “A kind of magic”, Freddie Mercury y sus huestes se habían sobrado con una epatante trilogía de álbumes (A night at the opera, A day at the races y News of the world) que casi parece más propia de funambulistas del Circo Price. Los Beatles, pioneros en todo lo habido y por haber, ya habían sorprendido en su Album Blanco combinando estilos bastante variopintos, pero lo suyo fue un juego de niños en comparación con esto. Heavy metal y vals, opereta y music hall, gospel y Dixieland se fusionan al desorbitado, arcoíris y ligeramente autoparódico estilo Queen: acrobacias vocales de infarto y guitarras camaleónicas mimetizando a cuantos instrumentos se pongan a tiro. A ver si os enteráis, devotos de “Radio Ga Ga”: “Bohemian rhapsody”, “Somebody to love” y hasta “We are the champions” salieron de aquí.

El protagonista de “’39″ navega por la Vía Láctea hasta encontrar un planeta que reemplace a una Tierra que agoniza. Cuando regresa busca a su esposa para contarle la buena nueva (se debió quedar dormido el día que explicaron en la academia lo del viaje relativista) pero solo encuentra, consternado, a una hija ya decrépita; un año se volvió aquí un siglo. Es como la maldición de Moisés pero a la inversa: solo te será permitido contemplar la Tierra Prometida si dejas a tus seres queridos a merced de las arenas del tiempo. Ya os lo había dicho: al final, de una u otra manera, todas las canciones acaban hablando de amor.

’39:
’39 / Queen  letra y traducción

(N.B. Por si alguno no ha caído en la cuenta, es Brian May el que se hace cargo de la voz solista en “’39″, pero no sufráis. No voy tener la poca vergüenza de escribir sobre Queen en el blog sin dejaros escuchar al que probablemente sea el vocalista más carismático de la segunda mitad del siglo XX. La melodía es puro Mercury, de una belleza que asusta; en cuanto a la letra… pues lo dicho.)

Love of my life:
Love of my life / Queen  letra y traducción

Más canciones redondas de Queen:

“Teo Torriatte (Let’s us cling together)” y “You take my breath away” (A day at the races, 1976) y “Spread your wings” (News of the world, 1977).