El perfeccionismo es una cruz, os habla la voz de la experiencia.


No sé si habéis visto un documental titulado “The unknown world” (“El mundo desconocido”) que la televisión pública norteamericana emitió allá por los noventa. Por vuestro bien espero que no, porque es repulsivo: muestra con todo lujo de detalles los bichos que anidan en el aire, en la ropa que vestimos, hasta sobre nuestra propia piel. Gracias al Cielo son demasiado diminutos para que podamos observarlos e incluso sentirlos, de lo contrario nos rascaríamos con tal violencia que nos quedaríamos sin uñas. El problema de un perfeccionista, metafóricamente hablando, es que está dotado de una visión extraordinaria, telescópica, que le permite descubrir allá donde mira una roña amarillenta y serpenteante que le es del todo imperceptible a la gente normal.

Gracias al Cielo son demasiado diminutos para que podamos observarlos e incluso sentirlos, de lo contrario nos rascaríamos con tal violencia que nos quedaríamos sin uñas

Si eres perfeccionista, escribir un blog es a la vez un lujo y un martirio: un lujo porque puedes retocar los textos una y mil veces hasta dejarlos a tu gusto, y un martirio porque puedes retocar los textos una y mil veces, es decir, exactamente por la misma razón. Más de una vez, meses después de escribir una entrada, me ha dado por cambiar algún párrafo o añadir un tema extra o una nueva foto; incluso, en una ocasión, la reescribí de arriba a abajo y sustituí la canción por otra de un músico distinto. Ya sé que nadie se va a dar cuenta nunca, pero esa no es la cuestión: intentad explicarle a un tipo que pesa ciento cincuenta kilos que no necesita zamparse una cuarta hamburguesa, a ver qué os contesta.

En mayo del año pasado, por poner un ejemplo, se me ocurrió publicar un “especial trombón”. A priori parecía una buena idea, pero al cabo me enredé hablando de la batalla por los derechos civiles en Norteamérica y hasta de la Niña del Exorcista y, aunque la canción que seleccioné es fantástica, la verdad es que el susodicho instrumento destaca más bien poco. Hoy me empastaré esa muela picada presentándoos al que muchos consideran el más relevante trombonista que ha dado el jazz, tanto por su virtuosismo técnico como por el peso de su legado: J.J. Johnson. Con el ocaso de las big bands en los cuarenta, algunos instrumentos de enjundia (el clarinete es el caso más notable) quedaron condenados al ostracismo. El aparatoso trombón tenía más papeletas si cabe para que le ocurriera lo mismo, pero Johnson supo extraerle todo su jugo y aclimatarlo al estilo ágil y crujiente que exigían los nuevos tiempos.


Como cabe deducir de la lista de canciones del blog, el bebop nunca ha sido lo mío: demasiado áspero y abstracto para mi gusto, como esa cocina deconstruida con la que algunos listos se han forrado y donde es imposible distinguir si lo que te estás comiendo es animal, vegetal o mineral. Pero Johnson no solo podía improvisar con el frenesí epiléptico de los mejores Parker, Gillespie, Powell y familia; también componía, y además muy bien: su “Lament” se ha convertido en un estándar tan imperecedero como los más lustrosos clásicos de Tin Pan Alley. Hoy no pasará lo de la otra vez y habrá trombón a espuertas, ya que en versión que escucharemos de la canción, la primera que Johnson publicó allá por 1954, también asiste a las varas el siempre fiable Kai Winding. Notad que J.J. se conduce con sobriedad, sin exhibicionismos superfluos ni golpes de efecto, que es justo lo que demanda un tema de tanto mordiente emocional. Y para que os quedéis satisfechos a perpetuidad, y por si acaso me he “lamentado” últimamente en demasía, todavía os propongo otra pieza a a dos trombones, pero ahora en una frecuencia diametralmente opuesta del dial anímico: la desenvuelta “Softly, as in a morning sunrise”, que Sigmund Romberg y Oscar Hammerstein II compusieran en los felices años veinte; agradeced a la sordina de Al Grey la simpatía que derrocha por todos sus poros.

Estáis a tiempo de disfrutar de estos dos grandes monumentos al trombón jazzístico. Aprovechad la oportunidad, no vaya a ser que un día de estos les descubra alguna imaginaria pega y los reemplace por a saber qué cosa.

Lament:
Lament / J.J. Johnson & Kai Winding 
Softly, as in a morning sunrise:
Softly, as in a morning sunrise / J.J. Johnson & Al Grey 

Más canciones redondas de J.J. Johnson:

“It could happen to you” (The eminent Jay Jay Johnson, Vol. 1, 1953), “Our love is here to stay” (Blue trombone, 1957) y “Things are getting better all the time” (Things are getting better all the time, 1983).