Noches en el circo de Angela Carter

Noches en el circo es una novela mágico-realista de temática circense. Lo segundo es una obviedad a la vista del título, y lo primero prácticamente también, porque cuesta imaginar otro ecosistema donde sudor y prodigio congenien mejor.

En la feria del Coronel Kearney hay de lo uno y lo otro en abundancia, y su gran estrella, la trapecista Sophie Fevvers, es su perfecto compendio. Aunque gigantona y basta hasta lo escatológico, cuenta con una baza especialísima que le garantiza el fervor de miles de admiradores, algunos tan significados como el príncipe de Gales o Toulouse-Lautrec: sus alas. O, más exactamente, unas protuberancias que asoman de su espalda y lo parecen. Jack Walser, un intrépido pero ingenuo reportero, la entrevista para desenmascarar la superchería, y eso le cambiará la vida. Porque las aventuras de Fevvers son, si cabe, más inverosímiles que sus presuntas extremidades aviares, pero su cháchara incesante parece detener (literalmente) el tiempo y, como tantos otros antes que él, acaba rendido a sus encantos. Kearney ha concebido una estruendosa gira fin de siècle, que les llevará de Londres a San Petersburgo, y de allí al país del sol naciente —siempre, claro está, que sobrevivan a los peligros de la estepa siberiana—. Fichado como clown de relleno, Walser se suma a la expedición y que sea lo que Dios quiera.

El destino al que nos conduce el relato es tan difícil de intuir como el del convoy que transita por la taiga, porque la autora juega al despiste. El museo de monstruas de madame Schreck, la prisión de las esposas mariticidas, la conjura anarquista de la chacha Lizzie…: Carter nos embriaga con su pirotecnia verbal, amontona tramas a toda castaña y se las quita de encima como quien sacude el mantel. La agenda feminista es muy explícita, ya que la mayoría de personajes masculinos son putañeros, maltratadores, psicópatas o un poco de todo a la vez; Fevvers, en cambio, encarna a la nueva femineidad que se abre paso con el cambio de siglo, poderosa, plena y liberadora. Y no obstante, conforme las plumas se le destiñen en el viaje, Sophie ve crecer a regañadientes su amor por el patoso Walser, y aquí es imposible pasar por alto que Angela Carter tuvo romances muy serios con hombres bastante más jóvenes que ella. Las relaciones con el sexo opuesto siempre serán complejas, pero no perjudicarían algo menos de dogma y un poco de buen humor.

Noches en el circo
Nights at the circus (original en inglés)

Música y ajedrez que vienen a cuento:

Hay una entrada en el blog donde ya mencionaba «el libro maravilloso de Angela Carter»; que incluso introduje con una parrafada sobre el circo que, modestia aparte, me quedó bastante decente; y todo a fin de presentar a un grupo cuya música desprende, por lo que sea, poderosos efluvios circenses. Así pues, damas y caballeros: bienvenidos, de nuevo, al asombroso espectáculo de Jim Morrison y su troupe.

Espéctaculo, y del mejor, han dado igualmente todos los grandes del ajedrez, desde Morphy hasta Carlsen. Algunos, por desgracia, también el espectáculo. Los dos jugadores citados son ejemplos de ello, aunque en el contador de barrabasadas nadie le ha llegado, ni podrá llegarle, a los talones a Bobby Fischer. El autodestructivo Buffo el Magnífico, el payaso jefe del Circo Kearney, se ve a sí mismo como un Cristo de la risa, que sufre para que otros se diviertan. Lo de Bobby también tuvo algo de mesiánico, el redentor que vino al mundo ajedrecístico a salvarlo del diablo comunista. Duró lo que duró, pero cómo deleitaron a la grada sus acrobacias mientras tanto.

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