Tomaso Albinoni y Adolf Anderssen
La música: «Concerto op. 9 no. 2 – Adagio» de Tomaso Albinoni Con la música clásica pasa un poco como con la alimentación. Igual que llamamos danones a los yogures, …
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La música: «Nocturne nº 1 en si bémol mineur» de Frédéric Chopin Creo que casi todos estamos de acuerdo en que lo mejor del verano son las noches, aunque los …
La música: «Recuerdos de la Alhambra» de Francisco Tárrega De aquí a nada empieza la Eurocopa. Bien. Aúpa España. Oé. A ver si pierden los alemanes, aunque sea a esto. …
La música: «The lark ascending» de Ralph Vaughan Williams La flor de loto es una planta peculiar. Germina en el barro de los pantanos para luego abrirse limpiamente en la …
La música: «Miserere mei, Deus» de Gregorio Allegri Que nadie se me ofenda, pues es obvio que hay a quien le gusta y alguno igual me lee, pero hay montones …
La música: «Première arabesque» de Claude Debussy Hace unos días, hojeando el periódico, me tropecé con una de las noticias más delirantes que he leído en años: Neil Harbisson, británico …
La música: «Intermezzo della Cavalleria Rusticana» de Pietro Mascagni Año Nuevo. Ha llegado el momento de renovar nuestra lista de buenos propósitos para el recién estrenado 2012. Ya está bien …
The lark ascending
He rises and begins to round,
He drops the silver chain of sound,
Of many links without a break,
In chirrup, whistle, slur and shake.
For singing till his heaven fills,
‘Tis love of earth that he instils,
And ever winging up and up,
Our valley is his golden cup
And he the wine which overflows
To lift us with him as he goes.
Till lost on his aerial rings
In light, and then the fancy sings.
La ascensión de la alondra
Asciende y comienza a girar,
Arrojando una plateada cadena de sonido
De incontables eslabones engarzados;
Gorjea, silba, trina, tiembla.
Pues canta hasta que inunda su cielo,
Instilando amor por la tierra,
Siempre aleteando hacia lo alto.
Nuestro valle es su copa de oro
Y ella el vino que se derrama
Para elevarnos consigo en su ascenso.
Hasta que sus anillos aéreos desaparecen
En la luz, y entonces la imaginación canta.
Miserere mei, Deus
Miserere mei, Deus,
secundum magnam misericordiam tuam.
Et secundum multitudinem miserationum tuarum,
dele iniquitatem meam.
Amplius lava me ab iniquitate mea:
et a peccato meo munda me.
Ne projicias me a facie tua:
et spiritum sanctum tuum ne auferas a me.
Redde mihi laetitiam salutaris tui:
et spiritu principali confirma me.
Docebo iniquos vias tuas:
et impii ad te convertentur.
Libera me de sanguinibus, Deus, Deus salutis meae
et exsultabit lingua mea justitiam tuam.
Tunc accetabis sacrificium justitiae,
oblationes et holocausta:
tunc imponent super altare tuum vitulos.
Ten misericordia de mi, oh Dios
Ten misericordia de mi, oh Dios:
conforme a tu gran misericordia.
Y conforme a la multitud de tus piedades,
borra mi maldad.
Lávame enteramente de mi culpa,
y límpiame de mi pecado.
No me eches de tu presencia,
y no quites de mi tu santo espíritu.
Devuélveme el gozo de tu salvación,
sosténgame un espíritu de príncipe.
Enseñaré a los pecadores tus caminos,
y los impíos se convertirán a ti.
Líbrame de toda sangre, oh Dios, de mi salud,
y cantará mi lengua tu justicia.
Entonces aceptarás el sacrificio legítimo,
las ofrendas y holocaustos:
entonces ofrecerán sobre tu altar becerros.