Si yo fuese celador de la planta de locos peligrosos de un psiquiátrico, usaría sin dudar un disco de flauta y arpa en el hilo musical.

Por aquello de que la música amansa a las fieras, ya me entendéis: la flauta evoca el susurro de la brisa en el laurel y el trino gozoso de los jilgueros; y el arpa dibuja con sus notas arroyos de agua cristalina. No es de extrañar que, desde que el Renacimiento reivindicara una Arcadia paradisiaca donde pastoras y rústicos, lejos de apestar a borrego y estiércol, visten tules semitransparentes y danzan al son de liras y zampoñas (posiblemente también miccionen agua de rosas, como ese ex entrenador culé que ahora pasea su palmito por las calles de Múnich, pero no hablemos de política), compositores y arreglistas hayan sucumbido por docenas a los sedantes encantos de esta dupla de instrumentos.

Música de arpa y flauta, flauta y arpa en nuestro blog, apta para toda clase de manicomios

No hay dúo de arpa y flauta mínimamente acrisolado que no incluya en su repertorio la Sicilienne de Gabriel Fauré, lo que no deja de tener su aquel porque el galo la publicó en 1898 como una pieza para violonchelo (o violín) y piano, e incluso se la dedicó al chelista británico William Henry Squire. Fauré, todo un pionero del reciclado, la había escrito en marzo de 1893 como parte de un proyecto de música incidental para El burgués gentilhombre que no llegó a concretarse, cosa nada de extrañar porque la melodía que enseguida escucharéis le va tan poco a la comedia de Molière como un peluquín a Magic Johnson. Ese mismo 1898 la actriz Patrick Campbell le encargó el acompañamiento musical de Peleas y Melisande, un drama del escritor simbolista belga Maurice Maeterlinck que estaba a punto de estrenarse en Londres. Algo apurado por la fecha de entrega, Fauré no dudó en triciclar la composición para el entreacto previo a la escena en que Melisande, un tanto despistada por la compañía de su cuñadastro Peleas, extravía su anillo de bodas en una fuente. Es el momento justo para que se escuche, porque luego todo se revuelve bastante: Melisande está casada con Golaud, nieto del rey de la mítica Allemande, que irá (con razón) poniéndose más y más celoso hasta asesinar a Peleas y herir fatalmente a la dulce Melisande. Charles Koechlin, un discípulo al que Fauré encargó la orquestación de toda la obra, apostó por dar preeminencia a arpa y flauta en esta parte, y el resultado debió complacer bastante al maestro porque cuando Pelléas et Mélisande se publicó como suite en 1909, los únicos arreglos que quedaron intactos fueron precisamente los de la Sicilienne. La versión que os traigo, preparada por Doland Sosin (un compositor especializado en música de acompañamiento para películas mudas) e interpretada con todo el primor del mundo por Nora Shulman (flauta) y Judy Loman (arpa), lleva las cosas a su lógica conclusión.



Fauré fue el alumno predilecto de Camille Saint-Saëns y contó a Maurice Ravel entre sus pupilos. El dato sirve como buen titular para su música, que elude con igual compostura los desgarros a tumba abierta del romanticismo y las imprudencias cromáticas del impresionismo. Fue organista de la Madeleine y director del Conservatorio de París, es decir, más o menos lo contrario a un ayatolá dispuesto a dar el alma y la vida por su arte. Algún académico revirado habrá que le reproche no haber muerto de tuberculosis a los treinta años, pero hacedme caso a mí, que para eso soy vuestro anfitrión: Fauré garantiza horas de sano y exquisito deleite, y más cuando te lo tropiezas de primeras.

Música de arpa y flauta, flauta y arpa en nuestro blog, apta para toda clase de manicomios. Igual tenéis alguno en la habitación de al lado, ahora que es época de exámenes y con la Selectividad a la vuelta de la esquina…

“Sicilienne, op. 78″ / Gabriel Fauré 

Más música redonda de Gabriel Fauré:

“Berceuse, op. 16″ (1880), “Pavane” (1887) e “In paradisum” (Requiem en ré mineur, 1888).