La música: “Computerliebe” de Kraftwerk

Repasando lo dicho a lo largo de los casi dos años de existencia del blog me doy cuenta con cierto sonrojo de que aparte de escribir sobre música y ajedrez, qué menos, también me he hinchado a hablar de mí. No estaba en el guión inicial, os lo prometo, ha tenido que ser una especie de efecto karaoke; deja un micrófono al alcance de cien personas y seguro que noventa y tantas se abalanzan para ser la primera en decir cualquier memez, aunque sea ¡probando, probando…!

Noto también que me esforzado por salir presentable en la foto: positivo, ocurrente, didáctico y con un punto tierno y vulnerable, que eso siempre queda bien. Las cosas no son exactamente así en la vida real, como saben los que me conocen, pero ya los egipcios se maquillaban así que no pasa nada. Siempre que no se exagere, claro.


¿Ahora bien, qué me decís de vosotros? ¿Quiénes son esos que me observan a través de sus tintadas ventanas de plasma? Mi servidor me ayuda a poner rostro a vuestros paisajes: Lima, Girona, Turín, Medellín, Quito, Santa Cruz de Tenerife, Miami… Pero a nadie conozco de estos lugares, así que habré de daros forma con mi imaginación. Y como lo ecléctico de mis gustos en lo musical no se traslada a otras esferas, entenderéis que prefiera que esa forma sea la femenina.

Eres, entones, mujer, luego sensible, luego probablemente acudas atraída por las canciones antes que por las partidas; seguro que no, en todo caso, por mi prosa hiperbólica y espesa, que hasta mi santa madre vadea con dificultad. Me encanta ese toque caprichoso, casi respondón, con que apartas por un rato tus múltiples ocupaciones para entretenerte con mis majaderías. Y está claro que eres inteligente, un rasgo cuyo sex-appeal siempre ha estado muy infravalorado. Resumiendo, eres todo un partido, y si queda un poco de cordura en este mundo enfebrecido, hay cerca de ti un tipo que tendría que estar dando gracias por su suerte. Recuérdaselo de mi parte.

Brindemos, pues, con una canción, por nuestro platónico y cibernético romance, ahora que todavía le late el corazón. No me negaréis que una canción titulada “Computerliebe” (“Amor por computador” en alemán), como la de Kraftwerk que vais a escuchar hoy, va que ni pintada. Ya ya, me acuerdo de que hace unos meses puse su música al nivel de la de María Jesús y su acordeón, lo que prueba que la coherencia no se cuenta entre mis virtudes reales o ficticias, pero rectificar es de sabios.


A ver, no se trata exactamente de rectificar. De los polvos del synth pop inhumano y machacón de estos germanos han venido los barros electro-techno que han taponado y siguen taponando los oídos de generaciones de discotequeros, pero estrictamente hablando la culpa no es suya; sería como achacar a Einstein la bomba atómica por su famosa ecuación de la masa y la energía. Tampoco es que Kraftwerk sean los Einsteins de la música, hasta ahí podríamos llegar, pero es de justicia reconocer en su haber un puñado de melodías francamente peligrosas, y la de “Computerliebe” es la más mortífera de todas. Cómo será de peligrosa que los de Coldplay la usaron a destajo para crear (con el oportuno permiso, no como otros) uno de los éxitos más notorios de su álbum X&Y (“Talk”, por más señas). Una melodía de las que, a poco que te pillen con la guardia baja, se te incrustan en el cerebro y no las haces saltar ni con agua a presión.

Más o menos como pasa con esos enamoramientos tontorrones que los críos (y los no tan críos) tienen (o tenemos) a veces.

Computerliebe / Kraftwerk  letra y traducción

El ajedrez: Carlsen-Polgár, Londres 2012

En apenas dos semanas, y en un ambiente de expectación que no saboreábamos desde hace décadas, empieza en la India el Campeonato del Mundo de ajedrez. Viswanathan Anand defiende título por cuarta vez, en esta ocasión en su ciudad natal, Chennai (la antigua Madrás), pero todas las miradas están puestas en el aspirante, el noruego Magnus Carlsen, que el próximo 30 de noviembre podría celebrar su vigésimo tercer cumpleaños con el regalo con que todo ajedrecista sueña desde niño. No somos solo los de este mundillo los que no le quitamos el ojo de encima; desde hace años luce en su indumentaria los anagramas de diversos patrocinadores, que le reportan unos ingresos anuales de alrededor de un millón de dólares. Pero si esto ya es insólito para un ajedrecista, cuidado con lo siguiente: en 2010 compartió campaña publicitaria con Liv “Arwen Undómiel” Tyler para una firma de vaqueros, y este mismo año (aparte de ser nominado por Time como una de las 100 personas más influyentes del planeta) la revista Cosmopolitan lo destacó ¡entre los hombres más sexis del momento!


Buena parte de esta histeria tiene que ver, desde luego, con su evidente potencial para tiranizar el juego como nadie lo ha hecho desde Garry Kasparov. Será inevitable referirse en lo que sigue al gran Garry, porque los caminos de ruso y nórdico llevan entrecruzándose bastante tiempo. De hecho, el chaval se dio a conocer entre el gran público cuando a la tierna edad de 13 años, en un torneo de partidas rápidas en Reikiavik, consiguió empatar con el entonces campeón del mundo, o, mejor dicho, el campéon del mundo consiguió hacerle tablas a él porque Magnus obtuvo un peón de ventaja y estuvo muy cerca de la victoria. A partir de entonces su progreso fue meteórico; un mes más tarde obtenía el título de gran maestro y con 15 años recién cumplidos logró clasificarse para el torneo de Candidatos, batiendo un récord de precocidad de todo un Bobby Fischer. A partir de 2008 lo encontramos ya sólidamente instalado en el top-5, pero el definitivo salto de calidad se produce en 2009, cuando de la mano de, efectivamente, Kasparov como entrenador, obtiene un brutal triunfo en el Torneo de la Perla de Nanjing, se proclama campeón del mundo de partidas relámpago en Moscú y supera la prohibitiva barrera de los 2800 puntos en el ranking ELO.


En enero de 2010 (más o menos a la vez que concluye su colaboración con Kasparov) ya aparece en el número 1 del ranking, el más joven de la historia en conseguirlo, y salvo un par de breves intervalos allí se ha mantenido desde entonces, incrementando progresivamente la distancia que le separa de sus perseguidores (en la última lista saca 74 puntos al segundo, Vladimir Kramnik, y la friolera de 95 a Anand). A destacar una efemérides: tras su victoria en el London Chess Classic a finales de 2012 elevó su puntaje a 2861, batiendo así la marca de 2851 que Kasparov (quién si no) mantenía desde julio de 1999. El final (hasta el momento) ya lo conocéis porque me explayé al respecto en mi entrada sobre Ivanchuk; victoria en la foto-finish en el torneo de Candidatos de Londres el pasado marzo y asiento en primera fila para la batalla final de Madrás. Tan solo un borrón de relevancia en estos años: su espantada del torneo de Candidatos de 2011 argumentando que el sistema de juego no era lo suficientemente “moderno y justo”; una reacción de prima donna que recemos por que no se vuelva a repetir.

Más allá de lo que ocurra en la India, está claro que salvo cataclismo el futuro es suyo, porque es el paradigma del salto evolutivo que el ajedrez está experimentando actualmente. Desde muy niño Magnus ha entrenado con ordenadores, y en su caso lo de “jugar como una máquina” es mucho más una figura retórica. Lo que programas como Rykba y Houdini han demostrado es que los sacrosantos principios posicionales, que los humanos hemos acumulado tan trabajosamente durante años y años de prueba y error, no son tan relevantes como suponíamos; lo que cuenta, sobre todo, es la evaluación concreta de cada posición, porque en última instancia el ajedrez es más un conjunto de excepciones que de reglas. Un inesperado corolario es que a lo mejor no es tan importante dejarse las pestañas preparando aperturas; al menos no da la impresión de serlo para Magnus. Le sobra con una partida nivelada y con que el adversario levante la vista un momento del tablero, porque su habilidad para extraer agua de las piedras es digna de un zahorí. La pobre Judit Polgár lo hizo, para su desgracia, en el torneo récord de Londres, y acabó completamente deshidratada.

Carlsen-Polgár, Londres 2012

Más partidas memorables de Magnus Carlsen:

Tras el soberano enjuague que acabamos de disfrutar lo que voy a decir suena a impertinencia, pero he seguido a Magnus estos años con la máxima atención y creo que su “inmortal”, esa partida con la que los libros le recordarán por encima de todas las demás, está todavía por jugarse. Entre que llega o no llega, aquí tenéis tres excelentes producciones que, además, ilustran otros tantos aspectos concretos de su estilo que me interesa destacar:

  • Su pericia en los finales. No es solo que los juegue a la perfección; a veces parece incluso como si hipnotizara a sus rivales, haciendo que salten al abismo en posiciones objetivamente sostenibles. Un ejemplo ilustrativo: Carlsen-Caruana, Bilbao 2012.
  • Su habilidad defensiva. Como buen norteño, Carlsen hace gala de una tremenda sangre fría cuando está bajo presión. En el encuentro Carlsen-Grischuk, del torneo de Candidatos de Londres de 2013, el ruso intenta librarse de una posición inferior creando un auténtico pandemónium en el tablero. Pocos grandes maestros hubieran resistido tal embestida, pero Carlsen ni se despeina.
  • Su destreza táctica. En sus primeros años le encantaba atacar a lo loco; luego comprendió que aquello no terminaba de encajar con sus cualidades y su estilo dio un giro de 180 grados, pero de esa época le han quedado una capacidad de cálculo bárbara y una partida espléndida, Carlsen-Ernst del torneo “C” de Wijk aan Zee en 2004.

12-11-2013:

Estaba escrito. Magnus Carlsen se ha proclamado hoy campeón del mundo tras apalizar a Anand tres victorias a cero (sin contar las tablas), y lo ha hecho usando justamente las armas que enumeré arriba: apretando y apretando en dos finales de tablas hasta que el indio sucumbió a la presion (partidas 5 y 6) y aguantando impertérrito su desesperado ataque de la partida 9. Y aún ha podido ser peor porque en la partida de hoy, donde, fijaos qué casualidad, se ha jugado una posición erizo, Carlsen (con blancas) ha perdonado un par de veces la vida a su pobre adversario tras conseguir ventaja decisiva con e5!, es decir, exactamente el mismo movimiento con el que amargó el día a Judit Polgar en Londres.


El gran Anand ha hecho lo que ha buenamente ha podido, pero no hay forma de jugar contra un tío que pasa de toda línea decente en las aperturas, no comete prácticamente errores y parece inmune al agotamiento. ¡Larga vida al Rey Carlsen!