La música: “The walk” de Mayer Hawthorne

El narrador de nuestra canción de hoy, “The walk”, está en un brete. Se ha echado una novia espectacular, seguro que con mucho esfuerzo, y ha presumido de ella ante los amigos como un pavo; pero ahora, de repente, comprende que no hay quien viva con ella. Es aquello de “no comas más de lo que puedas masticar” o, como dice el proverbio chino más avieso y certero que existe, “ten cuidado con lo que deseas, porque podría hacerse realidad”. Puede ser ese ansiado nuevo trabajo, más responsabilidad y mejor sueldo, aunque también más estrés. O ese barquito soñado con el que este verano te has asomado al balcón del horizonte un par de veces y que acabas de comprarle a tu amigo a precio de ganga, sin tener muy claro aún qué vas a hacer con él cuando llegue septiembre. O puede ser una absorbente afición, digamos escribir un blog, que termina robándote más horas de las que estarías dispuesto a reconocer.


Podría ser también, sospecho, el resumen de la carrera de Mayer Hawthorne (seudónimo de Andrew Cohen), el autor de “The walk”. Cohen era miembro de Move on, una banda de rap con aroma a soul y rhythm & blues que intentaba abrirse camino en la congestionada escena musical de Los Ángeles. Incapaces de hacer frente al pago de los derechos por los samples que utilizaban, y sin saber ya a quien pedirle prestado, Andrew grabó en su casa un par de temas de su cosecha para usarlos como base de los raps del grupo. De algún modo las maquetas llegaron a oídos de “Peanut Butter” Wolf, dueño de una discográfica independiente de hip-hop radicada en la ciudad. Wolf creyó que estaba escuchando remezclas de algún viejo y olvidado genio del soul y pidió entusiasmado más de aquello. Cuando se enteró de que el autor estaba vivo y coleando le ofreció de inmediato grabar un disco completo y así empezó todo.


Cuando el álbum, de título A strange arrangement, apareció en octubre de 2009, los aficionados al soul se pusieron a salivar como sabuesos. Dios bendito, era como si alguien hubiera viajado con la máquina del tiempo a finales de los sesenta o principios de los setenta, se hubiera colado en el cuartel general de la Motown, y le hubiera hubiera sisado unas cuentas demos a sus mejores estrellas. Al Green, Smokey Robinson, Curtis Mayfield, Barry White; todos acaban asomando tras este gesto vocal o aquel detalle de estilo haciéndote un guiño cómplice. Inútil intentar destacar algún tema sobre los demás; todos son impecables, e imprescindibles para que la experiencia sea completa. Lo que más sorprende es que en absoluto hablamos de meros pastiches; hay un pulso renovador, perceptible en sutiles, pero significativos detalles (el modo en que Mayer adapta su camaleónico voz a cada canción, la discreción con que se desempeña la sección de viento…). No es el soul de siempre; es nuevo soul, pero tan bueno como el de siempre. Todo ello viniendo de un tipo blanco (judío por más señas) de Ann Arbor, Michigan, con pinta de empollón y un grado en Ciencias de la Computación. Un auténtico expediente X.

Pero, ay, uno no se embarca en una empresa tan titánica como rejuvenecer un género entero a coste cero. El siguiente disco, How do you do (2011), conserva todavía cierta inercia de A strange arrangement, y la mayoría de las canciones nos siguen ubicando, siquiera nominalmente, en su microcosmos. Sin embargo incorpora algunos detalles inquietantes, el más obvio la aparición como estrella invitada del rapero Snoop Dogg. Su último trabajo, el recientísimo Where does this door go, poco tiene ya que ver con el soul, el neo-soul, o nada por el estilo. “The walk”, que por separado es probablemente el mejor tema que ha compuesto en su todavía corta carrera, es uno de los cortes de How do you do donde aún sobrevive el Mayer Hawthorne que tanto nos asombró en A strange arrangement. Probablemente no está escrita con esa intención, pero me suena a canto de cisne, a au revoir: hice lo que pude, de verdad que sí, pero ya no me quedan fuerzas para seguir remando en esta dirección.

Fue bonito mientras duró.

The walk / Mayer Hawthorne  letra y traducción

El ajedrez: estudio de Y. Bazlov, John Nunn 50th Birthday Study Tourney 2005

Jan Timman dedica un capítulo entero de su libro The art of the endgame a lo que el llama “el truco de la desaparición”. En él engloba a una serie de estudios que más o menos retornan a su posición inicial, con la salvedad de que en el camino las blancas han perdido una o más piezas; paradójicamente, esto les brinda nuevas posibilidades.

De entre un buen montón, algunos de ellos notablemente sofisticados, el holandés señala como su favorito a un estudio muy breve y bastante simple en apariencia. No yerra, porque el efecto es tan exquisito que se ha convertido en uno de los más celebrados de los últimos años, y la PCCC lo escogió como “Estudio del Año 2005″. Con estos galardones, la Comisión Permanente de la FIDE para las Composiciones de Ajedrez distingue los trabajos que, según su opinión, más podrían atraer a los jugadores prácticos, con el loable empeño de hacer crecer el número de aficionados a esta bella disciplina.



El compositor del estudio, Yuri Vasilievich Bazlov (nacido en la ciudad rusa de Klerk en 1947), de profesión periodista especializado en temas literarios, es un fruto más de la inagotable cantera soviética. Ha publicado cerca de 200 estudios y aproximadamente la mitad de ellos han sido galardonados (veintitantos con primeros premios). En 2011 se le concedió el título de maestro internacional de composición.

Bazlov presentó el estudio a un torneo organizado para celebrar el cincuenta cumpleaños del gran maestro británico John Nunn. Por alguna razón que ignoro apenas consiguió un quinto puesto, y eso que el homenajeado, que fue quien concedió las preseas, lo alabó en los siguientes términos:

“Esta posición es un descubrimiento realmente asombroso. El blanco sacrifica una pieza para forzar un empate en el que se queda con alfil y caballo de menos y apenas un solitario peón en la segunda fila. La renuncia a capturar el alfil negro en la jugada 4 es especialmente sorprendente. Se conocían ya estudios de tablas con un desequilibrio similar de material en la posición final, pero el empate llegaba como resultado de un ahogado, no mediante un mecanismo de tablas posicionales, que es lo que ocurre en este caso. Este estudio es una prueba palpable de que aún quedan posiciones sencillas y a la vez sorprendentes por descubrir.”

Pues ya te podías haber estirado un poco más, majo. Inglés tenías que ser.

Estudio de Y. Bazlov, John Nunn 50th Birthday Study Tourney 2005

Más estudios memorables de Yuri Bazlov:

A lo largo de su fecunda carrera, iniciada cuando era poco más que un adolescente y que todavía no se ha cerrado, Bazlov siempre ha mostrado su predilección por posiciones verosímiles y con pocas piezas, así que no es de extrañar que los de la PCCC lo tuvieran fichado. Hasta tal punto que repitió galardón el año siguiente con un estudio que había sido presentado a concurso en el Memorial Bent, 2006/07. Cito a los jueces del memorial, David Friedgood y Timothy Whitworth: “un sobresaliente y aristocrático ejemplo del familiar mate por autobloqueo maximal, este estudio tiene un excelente segundo movimiento que da contrajuego a las negras; todas las piezas se desplazan de su posición inicial”.

También en la línea del estudio que acabo de mencionar, y que incluso prefiero porque hay menos material en el tablero y el mate es si cabe más vistoso, está el publicado en Nakokinski Rabochi, 1972. Para mi tercera recomendación me decanto por el aparecido en Shakhmaty v SSSR, 1991: un original despliegue en el que se combinan baterías, jaques y contrajaques, sacrificios y hasta una torre suicida.