La música: “Tin Pan Alley” de Stevie Ray Vaughan

Como bien sabéis, hoy en día se puede encontrar casi todo en internet, y eso incluye las explicaciones de muchos trucos de magia que de chiquillos nos dejaban boquiabiertos. Os advierto que os vais a llevar una decepción, porque en general son de lo más tonto y evidente, aunque claro, esa es precisamente la cosa: son tan tontas y evidentes que a nadie se le ocurre caer en ellas.


Uno de esos clásicos trucos es el de la “chica Zig Zag”, aquel en el que aparentemente una señorita es cortada en tres trozos y luego vuelta a recomponer. El efecto se refuerza porque en cada una de la secciones tenemos permanente contacto visual con alguna parte de su anatomía: arriba la cara y una mano, en medio la otra, y un pie abajo.

La obvia explicación es que la chica, que por supuesto ha de tener gran flexibilidad y un vientre tan plano como el encefalograma de Belén Esteban, se retuerce colocándose de lado en la sección central. Observad que aprovechando el extremo pintado de negro del cajón esto es perfectamente posible, sobre todo por un par de detalles. El primero es que las cuchillas no atraviesan en realidad dicho extremo, aunque así parecen indicarlo sus asas, porque las láminas de metal son algo más estrechas que estas. El segundo, que el soporte donde descansa el cajón disimula un hueco en diagonal de unos centímetros que da un pequeño margen adicional a la contorsionista.

Podría decirse que el blues es el equivalente musical de la chica Zig Zag

Y ahora es cuando empezáis a tirar furiosamente de memoria, porque a vosotros ese trozo negro del medio no os suena para nada. Claro, esa es la cosa tonta y evidente de la que antes os hablaba: visto de frente, y bajo la luz apropiada, su ángulo deja de percibirse y el frontal se confunde con el lado, pues ambos son del mismo color. La ilusión es que la caja acaba justo a la altura del embellecedor de metal, y ahí, desde luego, no cabe una chica por mucho que se retuerza.

Podría decirse que el blues es el equivalente musical de la chica Zig Zag. Mira que es simple: doce compases en 4/4, repetidos una y otra vez, y la sopa con albóndigas de los acordes, es decir, tónica, dominante y subdominante. Pero existe una importante diferencia: a esto no hay manera de pillarle el truco. ¿Qué ingrediente secreto tiene esta pócima, cocinada a fuego lento en las plantaciones de Alabama, Misisipi y Luisiana, para embrujar como lo hace? ¿La sangre de las manos, el dolor en los riñones, la boca con sabor a hiel, la añoranza del corazón? Quién sabe… Lo innegable es que, además de todo un género en sí mismo, el blues es la célula madre de la que proviene buena parte de la música popular de los últimos cien años; sin su sustrato el jazz y el rock serían, sencillamente, inconcebibles.


Os invito a disfrutar de un espléndido blues de la mano de uno de los grandes, Stevie Ray Vaughan. Murió muy joven, a los 35 años, en un absurdo accidente aéreo, pero unos pocos discos le bastaron para revitalizar el género entero en los años ochenta. El talento de un prestidigitador reside en intuir los pequeños detalles que convierten un truco del montón en una ilusión inolvidable. En “Tin Pan Alley” Vaughan usa la tonalidad menor, una métrica de 6/8 y una estructura de 24 en lugar de 12 compases, y el efecto es moroso, casi procesional. Pero es inútil perderse en los detalles; el auténtico secreto del blues está en manos de contadísimos maestros, y Vaughan se llevó el suyo a la tumba.

P.S. El autor de “Tin Pan Alley”, Bob Geddins, fue más productor musical que músico propiamente dicho. Resulta que “Tin Pan Alley” es el apodo de una calle neoyorkina donde entre finales del XIX y principios del XX se concentraban los compositores y productores que crearon tendencia en esos años, y por extensión se alude a ellos con esa etiqueta, un poco al estilo de “Broadway” con el teatro o “Hollywood” con el cine. Geddins escribió la canción mucho más tarde, hacia 1953, pero es fácil deducir que la letra constituye una turbia metáfora de los ambientes donde Geddins hacía sus negocios. No paséis por alto, por cierto, la frase “Shake, rattle, and roll”, porque aunque en sentido estricto significa “agitar y tirar los dados”, tenía por entonces connotaciones bastante picantonas. Y un último consejo, puramente musical: tras escuchar la canción, repasad la parte central de Shine on you crazy diamond, y luego decidme si exageraba refiriéndome al blues como la “célula madre” de donde ha salido casi todo lo demás.

Tin Pan Alley / Stevie Ray Vaughan  letra y traducción

El ajedrez: estudio de N. Grigoriev, 1931


Hasta la fecha no os había mostrado ningún estudio de peones; es el momento de remediarlo, porque a menudo son bastante menos sosos de lo que cabría esperar. Nada mejor que hacerlo con todo un especialista, el ruso Nikolai Dmitrievich Grigoriev (1895-1938). Grigoriev fue un jugador de bastante calidad, que ganó cuatro campeonatos de Moscú (que no es lo mismo que llevarse el Campeonato de Cuenca, con todos mis respetos a la hermosa ciudad manchega) y quedó quinto en el Campeonato de la URSS de 1920. Como compositor de estudios de peones posiblemente no tiene igual. Para que os hagáis una idea de su calibre, sabed que en 1936 la revista francesa La Stratégie organizó un torneo temático reservado a estudios de dos peones contra uno; de los 12 premios, Grigoriev se embolsó 10.


Es una lástima que su temprana muerte (tras una operación de apéndice) nos privara de más de sus excelentes composiciones, a menudo tan sencillas en su apariencia como impactantes en su efecto. La de hoy no parece en principio gran cosa, y la posición es tan natural que podría perfectamente surgir en una partida real. La conocemos, por cierto, casi de chiripa, pues fue rescatada de la oscuridad por Zinar y Archakov en su libro Harmonia peshetshnovo etyuda (algo así como “La armonía de los estudios de peones”) publicado en Kiev en 1990, y no sabemos si se publicó, ni dónde.

Como decía, la posición de partida no promete mucho pero veréis como no os decepciona. Una buena analogía: esos péndulos múltiples que venden en algunas tiendas de juguetes. Y es que los reyes casi parecen bolas que, colgando de los peones enemigos por hilos invisibles, se columpian al unísono hacia arriba y hacia abajo del tablero.

Estudio de N. Grigoriev, 1931

Más estudios memorables de Nikolai Grigoriev:

Naturalmente Grigoriev también compuso estudios con piezas, algunos de bastante interés, pero hoy tocan peones así que nos centraremos en eso:

  • Shakhmaty, 1928. Tras las escaramuzas iniciales, es la típica carrera de a ver quien corona antes. La gracia está en que las negras tienen tres galgos para elegir, y cada uno fracasa en su empeño por motivos distintos.
  • Shakhmaty v SSSR, 1937. Rey contra rey en la columna torre de dama, dos peones contra dos peones en el otro extremo del tablero. Las blancas ganan, pero solamente tras desplazarse ambos reyes de lado a lado, tan elegante y parsimoniosamente como si estuvieran bailando un vals.
  • Shakhmaty v SSSR, 1945. Estuve a punto de elegir esta bestialidad para la entrada de hoy, aunque al final ha primado lo sutil sobre lo tremendista. Imaginaos: para sobrevivir, el negro intenta autoenterrarse a lo “Rey Tut”, pero el blanco lo evita justo a tiempo no con una, sino con dos subpromociones a caballo.