La música: “Symfonia pieśni żałosnych – Lento e largo-Tranquillissimo” de Henryk Górecki

Vaya, Lector, qué sorpresa. No esperaba encontrarte aquí.

Te habrán traído, supongo, los vientos caprichosos y aleatorios de Google; dudo que seas uno de los contados lectores habituales del blog, ya que que escribo esto medio año después de la publicación de la entrada.

Y lo hago con el fin de reemplazar la canción de la que entonces hablé por otra muy diferente. No es preciso demorarse en explicaciones; solo necesitas saber que este blog es una obra de amor, por la música y el ajedrez (¡extraño maridaje!), y que de aquella canción nunca estuve de verdad enamorado.


Qué oportuno, mi casual visitante, que así como la suerte y un motor de búsqueda han conspirado para traerte hasta aquí, fuera también el azar quien hizo tropezarse al compositor polaco Henryk Górecki con las palabras que le inspiraron el segundo movimiento de su Sinfonía n.º 3, la popularmente conocida como Sinfonía de las canciones dolientes. Estaban garabateadas en la pared de una vieja celda de la Gestapo en Zakopane, al sur de Polonia, y las firmaba una joven de dieciocho años llamada Helena Wanda Błażusiakówna, encarcelada desde el 25 de septiembre de 1944. La inscripción decía simplemente: “Oh mamá, no llores – Inmaculada Reina del Cielo, ven siempre en mi auxilio”. El músico lo recordaba así:

“Admito que siempre me han irritado las grandes palabras, los gritos de venganza. Quizás si me viera frente a frente con la muerte yo también gritase así; pero esta frase que encontré era diferente, casi una disculpa o una explicación. [...] En la prisión, toda la pared estaba cubierta de inscripciones que clamaban: ‘Soy inocente’, ‘Asesinos’, ‘Verdugos’, ‘Liberadme’, ‘Salvadme’, etc. Todo era chillón y banal. Los adultos escribían este tipo de mensajes, pero he aquí una chica de dieciocho años, casi una niña. Ella es diferente. No desespera, no llora, no exige venganza. No piensa en sí misma, en si merece o no este destino. En cambio, piensa en su madre, que es quien experimenta la verdadera desesperación. Esta inscripción es algo extraordinario. Y realmente me fascinó.”

Antes te dije que este blog es una obra de amor. Te mentí, o al menos no te dije toda la verdad: es también, aunque me esfuerzo mucho en disimularlo, fruto de la desesperanza. Por eso he deseado poner esta canción desde el primer día, y por eso nunca había reunido, hasta ahora, el valor para hacerlo; porque siempre me parte el corazón y me obligaría, me temo, a revelar más de lo conveniente. Así que prefiero que seas solo tú, anónimo viajero del futuro, quien la escuche. Poco peligro corre mi secreto: sospecho que no eres otro que yo mismo.

(N.B. Soprano: Dawn Upshaw; orquesta: London Sinfonietta; dirección: David Zinman.)

Symfonia pieśni żałosnych – Lento e largo-Tranquillissimo / Henryk Górecki  letra y traducción

El ajedrez: Averbakh-Furman, Odesa 1960

Dicen que uno de los secretos de la longevidad consiste en mantenerse ocupado. Si esto es verdad no lo sé, pero la trayectoria de Yuri Averbakh, el decano del ajedrez (91 años cumplió el pasado 8 de febrero) así parece confirmarlo: jugador de élite, sobre todo en los cincuenta (candidato en 1953, campeón soviético en 1954), juez internacional de composición y compositor él mismo, autor de varios libros, en particular el monumental tratado de finales en cinco volúmenes Shakhmatnye okonchaniya, árbitro de la FIDE (uno de los que estuvo a cargo del infausto match Karpov-Kasparov de 1984-85), historiador, coach, editor de las revistas Shakhmaty v SSSR y Shakhmatny Bulletin y hasta presidente de la federación soviética entre 1972 y 1977. Vamos, que solo le faltó cantar en Chess The Musical.


Una leyenda viva del noble juego, en suma, referencia imprescindible para conocer los entresijos políticos y deportivos del ajedrez soviético, del que ha contado tanto como lo que ha callado. Hasta ahora solo nos habíamos tropezado con él en calidad de (injustamente) imputado, cuando este blog todavía gateaba. Hoy disfrutaremos de un Averbakh soberbio, sentando cátedra en su especialidad, el final de partida. El duelo se disputó en las semifinales del campeonato de la URSS, frente a un rival de talla, Semyon Furman, al que recordamos, sobre todo, como el entrenador que llevó a la cima al joven Karpov. El tema estratégico más destacable de la partida es la batalla “alfil bueno versus alfil malo”, y no lo tendréis fácil para encontrar un ejemplo tan redondo. Pero ni mucho menos se agota con eso, porque es tan larga y jugosa como el currículum del vencedor.

Averbakh-Furman, Odesa 1960