La música: “Mr. Blue Sky” de la Electric Light Orchestra

El consejo llega un mes despues de las Olimpiadas de Londres, pero no es fácil que este blog aguante hasta Río de Janeiro 2016, así que os lo doy de todos modos: zamparse una ceremonia de inaguración de cuatro horas, sin más expectativa que ver qué se les ocurre esta vez para encender el pebetero, es tan ridículo como correr un maratón porque regalan bebidas isotónicas por el camino.

No obstante lo hice (ver la ceremonia, no correr un maratón) y alguna sorpresa agradable me llevé, como cuando las notas de “Mr. Blue Sky” me arrancaron del coma inducido por el soporífero desfile de los equipos. Curiosamente, la canción volvió a escucharse en la ceremonia de clausura (algunos es que no escarmentamos), ahora para dar paso al venerable Eric Idle y su legendaria “Always look on the bright side of life”, esa que cantan los crucificados en la escena final de La vida de Brian.



Sorprende semejante veneración por este tema de la Electric Light Orchestra, grupo hiperbólico y aparatoso donde los haya, pero en realidad la explicación es sencilla. El ser humano viene programado de serie para ansiar lo que no tiene y, sobre todo, lo que sabe que no puede tener. Los británicos no son una excepción, y aunque presumen de lo suyo como nadie (como bien se vio en ambas galas), matarían por tener nuestro luminoso clima sureño. Ya los habéis visto, calcinándose en las playas tan felices, ajenos, al parecer, al preocupante hecho de que su piel está cayéndose a trozos. Es patético…

No se refiere, como podría pensarse, a darle un empujoncillo al guiri de al lado para que se tueste igual de bien por ambos lados

Así que supongo que “Mr. Blue Sky” se ha convertido allí con los años en una especie de himno nacional al buen tiempo, algo así como nuestras rogativas para que llueva solo que a la inversa. Por lo demás, seas noruego, filipino o congoleño, es imposible no enamorarse de una canción tan urgentemente vital. Yo, es oírla e imaginarme corriendo descalzo por la arena caliente, yendo al chiringito a por unas bebidas bien frías.

P.S. Al final de la canción se escucha una voz deformada por el vocoder decir la frase “Por favor dame la vuelta”. No se refiere, como podría pensarse, a darle un empujoncillo a un guiri cercano para que se ase igual de bien por ambos lados; es solo que la canción remataba una de las caras del doble LP Out of the blue.

Mr. Blue Sky:
Mr. Blue Sky / Electric Light Orchestra  letra y traducción



P.P.S. ¡¡No!! No me lo puedo creer. ¿De verdad no conocéis la genial canción de los Monty Python? ¡Si todos deberíamos exigir en el testamento que la pusieran en nuestro funeral! Esto hay que solucionarlo de inmediato:

Always look on the bright side of life:
Always look on the bright side of life / Monty Python  letra y traducción

Más canciones redondas de la Electric Light Orchestra:

Desde luego los de la ELO no se cortaban un pelo, y no lo digo por el tupé afro de su líder Jeff Lynne. Ojo a su declaración programática: “queremos seguir donde los Beatles lo dejaron con ‘I’m the walrus’”. Hasta qué punto lo consiguieron es discutible, pero vive Dios que lo intentaron, y si no escuchad “The diary of Horace Wimp”, aunque solo sea por su indudable interés forense.

A mí me costó años perdonarles su delictiva colaboración con Olivia Newton-John, pero al cabo he terminado cogiéndoles el gusto, a pesar de lo kitsch y petardos que podían llegar a ser. Y es que, por mucho que te hagas el estrecho, terminas sucumbiendo ante la pegada de hits como Telephone line, Evil woman o incluso la descaradamente discotequera Last train to London.

El ajedrez: Najdorf-Gligorić, Mar del Plata 1953

La URSS dominó con mano de hierro el periodo comprendido entre el final de la Segunda Guerra Mundial y la cataclísmica irrupción de Fischer. No solo los campeones, hasta los aspirantes fueron todos soviéticos. Sobran, literalmente, dedos en una mano para contar los jugadores del resto del mundo que fueron capaces de hacerles frente con una cierta solvencia: el polaco-argentino Najdorf, el norteamericano Reshevsky, el danés Larsen y el entonces yugoslavo, luego serbio, Svetozar Gligorić. El pasado 14 de agosto, a la edad de 89 años, falleció en Belgrado el último de estos cuatro aguerridos mosqueteros.


Su currículum (3 veces candidato, 12 campeonatos yugoslavos, 15 participaciones en olimpiadas, incluida una medalla de oro en la de Dubrovnik 1950, innumerables victorias en importantes torneos) es elocuente, pero no hace suficiente justicia a este auténtico señor dentro y fuera del tablero, del que era imposible decir una mala palabra. (Baste como ejemplo saber que era una de las poquísimas personas a las que Fischer tenía por amigo, e incluso jugó con él unas partidas secretas de entrenamiento antes del grotesco match “revancha” que el americano jugó contra Spassky en 1992.) De ascendencia muy humilde, en la guerra se alistó por propia voluntad con los partisanos, recibió dos condecoraciones y acabó con el grado de capitán. Compatibilizó los mejores años de su carrera con la profesión de periodista, campo donde también gozó de gran reconocimiento.

Como remate, un detalle que os va a encantar. Decidió estudiar música (su otra gran pasión) en serio a los 80 años porque, decía, “cuando envejece, la gente a veces olvida que no tenemos más que una vida”, y el año pasado publicó un cedé titulado Kako sam preživeo dvadeseti vek (“Como sobreviví al siglo veinte”) con 12 canciones de los mas variados estilos: blues, jazz, ¡hasta rap!. He sido incapaz de encontrar el disco, ni por lo civil ni lo criminal, pero en YouTube puede escucharse una de las canciones, “Melancholy in disguise”. Es una preciosidad, os la recomiendo. La muerte lo sorprendió mientras preparaba su segundo álbum.

“Cuando envejece, la gente a veces olvida que no tenemos más que una vida”

La partida que he escogido le hace, creo, verdadero honor. Se disputó en el torneo de Mar del Plata (Argentina) en 1953, que Gligorić se anotó con el apabullante score de 16 puntos de 19 posibles. Es un duelo que ha pasado a la historia del ajedrez porque el yugoslavo introdujo un sistema completamente novedoso en la defensa india de rey que la convirtió en un arma peligrosísima, y desde entonces, y van para 60 años, se han jugado miles y miles de partidas con esta línea. En mis comentarios abundo en las circunstancias de este enfrentamiento épico, pero ya os anticipo que las piezas de Gligorić se desplazan y coordinan sobre el tablero con la exquisita elegancia de un ballet del Bolshoi. No debería extrañarnos, pues su estilo de juego fue siempre tan elegante como su porte.

Najdorf-Gligorić, Mar del Plata 1953


20-4-2013:

Al fin he conseguido una copia de decente calidad de “Melancholy in disguise”, a ver si os gusta tanto como a mí. La foto de la portada del cedé, con el Ché Guevara al fondo, se tomó en La Habana en el Memorial Capablanca de 1962. Entresaco de sus notas algunos de los comentarios de Gligorić al respecto de esta canción:


“Casi todos los jóvenes han sentido alguna vez algo así. Esto me ayudó a imaginar una fiesta de adolescentes en un gran salón. [...] En la fiesta, un chico siente un flechazo por una chica a la que nunca había visto antes, pero pronto se da cuenta de que ella está acompañada y tiene que dar marcha atrás. Para disimular su profunda decepción, se suma al jolgorio general. Esta es la razón por la que la canción se titula ‘Melancolía disfrazada’.

La situación imaginada en esta canción es la gemela de la atmósfera psicológica de un evento al que me correspondió asistir por ser el mejor alumno de mi instituto: la celebración del decimocuarto cumpleaños del príncipe heredero Pedro II. [...] Este evento quedó grabado para siempre en mi memoria. Mis compañeros de clase iban todos elegantemente vestidos, en tanto que yo llevaba mi única chaqueta con coderas. Para disimularlas, me senté en una lujosa y elegante silla y presioné con fuerza mis codos contra los brazos de la silla. Mientras los demás bailaban y se divertían, yo permanecí en la misma posición durante dos horas. En un cierto momento, la orquesta empezó a entonar una melodía que me tocó el corazón. La oía por vez primera pero la memoricé para siempre. [...] Años más tarde, mientras visitaba a un conocido, elegí uno de sus discos y nos pusimos a oírlo. Di un salto de alegría cuando escuché exactamente aquella canción, interpretada por Dinah Washington. El título de este desconocido tema era ‘Sola’ —una sorprendentemente concisa descripción de mi antigua experiencia.”


 

Melancholy in disguise / Svetozar Gligorić  letra y traducción

Más partidas memorables de Svetozar Gligorić:

Si os apetece conocer a Gligorić en su versión más pirotécnica, echad un vistazo al notable sacrificio de dama en la Bilek-Gligorić, Teeside 1972, o a la brillante Gligorić–Petrosian, Belgrado 1954, una de sus partidas más queridas (cuando la jugó había decidido abandonar el ajedrez para dedicarse por completo al periodismo, y esta era la última partida del que, presuntamente, iba a ser su torneo de despedida; cuando Petrosian inclinó su rey la ovación que le dedicó el público fue de tal calibre que reconsideró su decisión).

Si, por el contrario, preferís algo en el estilo de lo que ya habéis visto, entonces os recomiendo Korchnoi–Gligorić, La Habana 1969, otra finísima india de rey ante un superespecialista en esta apertura. Korchnoi evita la variante Mar del Plata, pero solo para ser despachado incluso más contundentemente que Najdorf.