La música: “Águas de março” de Stan Getz y João Gilberto


Cuando en mi entrada sobre Mark Isham me referí al francés como “la lengua inventada ex profeso para hablar de amor” es evidente que cometí un serio agravio comparativo, porque hasta una ordenanza municipal sobre recogida de basuras parece romántica si está escrita en portugués. Y no digamos si te la cantan, y encima con acento brasileiro.

Por eso es hasta cierto punto comprensible la que se lio en marzo de 1963 cuando el saxofonista Stan Getz y el guitarra y vocalista João Gilberto se reunieron en Nueva York con el padre de la bossa nova, Antonio Carlos Jobim, para grabar algunas de sus canciones. Aquellas sesiones debieron ser tórridas, porque Getz sopla el saxo y Gilberto susurra las letras como si no tuviesen más ambición en la vida que llevarse al huerto a todo el contingente femenino de la playa de Ipanema. Así que cuando asomó por el estudio la despampanante señora de Gilberto, Astrud, para adornar con su dulcísima voz dos de las más exquisitas melodías del maestro, lo que pasó estaba cantado: Getz le echó el ojo y al poco tiempo ya se la había birlado a su colega.


Reconozco que soy de hipérbole fácil y en cuanto me descuido se me acumulan los “impresionantes”, “míticos”, “legendarios”, “apabullantes” y calificativos semejantes. Pero hay uno que conviene racionar, porque tras ese no hay más: “perfecto”. Pues bien, Getz/Gilberto es un disco perfecto, y no solo por ser el más sensual de la historia de la música; lo es porque no hay una sola melodía que baje del sobresaliente, porque no es lógico que estilos tan dispares como el cool jazz y la samba mezclen así de bien y porque cuando se publicó logró la cuadratura del círculo: encandilar por igual al crítico musical más rancio y al pachangas más obtuso.

Observad la continua progresión en descenso de la melodía, como el agua que baja a chorros por la canaleta durante una tormenta

En 1976 Getz y Gilberto intentaron recuperar la atmósfera del álbum y grabaron The best of two worlds con más canciones de Jobim. Temerariamente Gilberto se trajo de vocalista invitada a su segunda esposa, Heloisa Buarque de Hollanda, pero esta vez no pasó nada especial, en ningún sentido. Tras el golpe de estado de 1964 las cosas se habían enredado mucho en Brasil y la bossa nova no había estado ajena a estos cambios, obviándose la suavidad glamourosa y refinada de principios de los sesenta en favor de letras más comprometidas y armonías más oscuras. Por su parte, Jobim anduvo un tanto desnortado, embarcándose en aventuras musicales más que discutibles (venero a Sinatra, pero oírlo cantar “The girl from Ipanema” a dúo con Jobim con un fondo de flautas y violines es un dolor) y perdiendo inspiración a marchas forzadas. Tal vez fue porque la derrochó toda en “Águas de março”, la única canción de The best of two worlds que resiste sin parpadear la comparación con las de Getz/Gilberto y, en realidad, con cualquier otra. Agotada ya mi capacidad para el adjetivo me limito a un simple dato: en 2001 un panel de 200 expertos la eligió como mejor canción brasileña de todos los tiempos.


El título alude al periodo de lluvias torrenciales que anuncia el final del verano austral. Fue en ese tiempo cuando la escribió Jobim, en un momento en que estaba de los nervios intentando acabar la nueva casa que llevaba una temporada construyéndose. Observad la continua progresión en descenso de la melodía, como el agua que baja a chorros por la canaleta durante una tormenta. Las tribulaciones domésticas de Jobim son bien visibles en la letra, pero ni mucho menos lo esencial, que tendréis que dilucidar por vosotros mismos porque se presta a todo tipo de interpretaciones.

Signifique lo que signifique la letra, una cosa está clara: acabamos de estrenar la primavera y había que saludarla como se merece. Si hay mejor canción para hacerlo que “Águas de março” yo todavía no la he escuchado.

(N.B. Concededme un minutito más para un par de detalles antes de pinchar el “play”. Es difícil traducir una canción así porque hay algunas alusiones locales que no tienen correspondencia en nuestro idioma. Es el caso de la peroba y la caingá, dos especies arbóreas de Brasil cuya fuerte madera se utiliza en la construcción de viviendas. Matitá Pereira es el esquivo pajarito en que a veces se convierte el Sací, un mulato bromista con una sola pierna que es un personaje muy popular del folclore autóctono. La fiesta de la cumeeira es una celebración típica de la zona que un constructor da a sus empleados cuando la estructura de la casa está recién terminada. Notad por último que la versión de Getz y Gilberto intercala portugués con inglés, una fórmula que había funcionado a la perfección en Getz/Gilberto. Fue el propio Jobim el que adaptó la letra a este idioma, con las lógicas variantes que exige la rima, omitiendo las referencias localistas e introduciendo un importante matiz: lo que las aguas de marzo celebran ahora es el final del invierno, así que el sentido de la canción cambia por completo. ¿O no es así? Vosotros decidís.)

Águas de março / Stan Getz y João Gilberto  letra y traducción

Más canciones redondas de Stan Getz y João Gilberto:

Tener que seleccionar tres canciones de Getz/Gilberto es como preguntarle a una madre a cuál de sus hijos quiere más. Si no hay más remedio elijo The girl from Ipanema, porque la bossa nova no ha conocido, conoce ni conocerá un éxito internacional semejante, Desafinado, por ser algo así como el himno fundacional de esta “nueva cosa” y dejar a todo al mundo boquiabierto cuando Getz la grabó por primera vez en 1962, y Corcovado, porque Astrud Gilberto está para comérsela, pero insisto: todo lo que no sea oír de corrido el disco entero es un desperdicio.

El ajedrez: Shirov-Aronian, Moscú 2006

Hace poco os presenté a Tigran Petrosian, hasta la fecha el único campeón del mundo armenio. Levon Aronian, el actual número 2 del ranking, tiene muchas papeletas para ser el siguiente, con el permiso, claro, de Magnus Carlsen, el líder de la lista, Viswanathan Anand, el vigente campeón, y Vladimir Kramnik, el excampeón, que no son precisamente unos piernas.


Aronian es un tipo afable, simpático y culto, pero frente al tablero se transforma en un auténtico perro de presa, combativo a más no poder y bien preparado en todas las facetas del juego. Su estilo es diametralmente opuesto al de su paisano Petrosian, pero se le parece en algo: cuesta horrores ganarle, aunque en su caso, más que por pura técnica defensiva, por su inagotable ingenio. Y es que Aronian tiene un punto trilero, en el buen sentido; hay que ganarle las partidas tres veces porque siempre esconde un as en la manga.

Aronian es un tipo afable, simpático y culto, pero frente al tablero se transforma en un auténtico perro de presa

Jugar con Aronian equivale a atravesar un campo repleto de minas y hay que andarse con mil ojos para no pisar alguna de ellas. Alexei Shirov (letón, nacionalizado español), un habitual de la zona noble del ranking los últimos veinte años, tiene la mala suerte de tropezar en la partida de hoy con una increíblemente bien escondida. Se jugó en el Memorial Tal de Moscú, posiblemente el torneo más fuerte del calendario en la actualidad. La partida tiene la gracia añadida de ilustrar a las mil maravillas un concepto clave en el ajedrez, el zugzwang (que en alemán quiere decir algo así como “obligación de mover”): un jugador está en zugzwang cuando, correspondiéndole mover, preferiría de todas todas no hacerlo, ya que cualquier jugada empeora irremisiblemente su posición.

Shirov-Aronian, Moscú 2006